Por Lautaro Bruera

Del confederalismo


Los hechos llevan estampados el sello de nuestra dignidad; reunamos nuestros esfuerzos hasta dar a la patria un día de gloria y a las provincias el goce de su libertad. (Carta de José G. Artigas Al gobernador Estanislao López, 5 de diciembre de 1818).

La primera  referencia de una organización institucional en términos confederales de la República Argentina, lleva la huella indeleble de nuestra región. Primeramente se encuentra en las Instrucciones de Artigas a los Representantes del Pueblo Oriental para la Asamblea Constituyente del Año XIII, cuando en su artículo segundo, luego de Declarar la Independencia, establecía que: “No admitirá otro sistema que el de confederación para el pacto recíproco con las Provincias que forman nuestro Estado”. Es importante recordar, en éste sentido, que ese artículo junto al resto de las “instrucciones”, con un solo agregado en relación a la cuestión de la religión católica adoptada tal como se la concebía autóctonamente, fueron los mismos principios planteados por los delegados santafesinos, a través de Pascual Diez de Andino, al Congreso de los Pueblos Libres, el 29 de junio de 1815 en Concepción del Uruguay, Provincia de Entre Ríos. Como bien se reconoce, durante éste Congreso se formuló la primera Declaración de Independencia, aceptada en éste caso por las provincias litoraleñas y mesopotámicas que lo conformaron, a diferencia de la Asamblea del XIII, dejando sentado el principio artiguista expresado unos años antes en el Congreso de Tres Cruces en el que se combinaban la soberanía popular, el confederalismo y la independencia plena de nuestro territorio:

 “La soberanía particular de los pueblos será precisamente declarada y ostentada, como objeto único de nuestra revolución; la unidad federal de todos los pueblos e independencia no sólo de España sino de todo poder extranjero”.

Por ello Artigas encabezará la constitución de la Liga de los Pueblos Libres, conformando un nuevo tipo de liderazgo democrático que se sustenta en garantizar la expresión soberana de las provincias. Conformando un nuevo tipo de federalismo que contempla como están compuestas por el conjunto de los miembros de sus comunidades, incluyendo a quienes se encontraban postergados o sojuzgados durante el período colonial, como los pueblos originarios, negros, mujeres y criollos pobres, en plena igualdad respecto a los propietarios, a diferencia del federalismo norteamericano que sólo se basaba en la expresión de los intereses de éstos últimos, la fórmula del federalismo popular propende a privilegiar a los más infelices, quienes a través del trabajo conseguirán tanto su felicidad como la de su Provincia conjuntamente.

La bandera de la Liga de los Pueblos Libres, que contenía la enarbolada por Manuel Belgrano en las barrancas del Paraná aquel 27 de febrero de 1812, llevaba para reforzar su identidad en gestación, una franja roja que hacía referencia a la sangre que entregaron quienes comulgaron con las luchas por la independencia, la autonomía y la igualdad constituyéndose en sus sectores populares. Ésta misma bandera flameara en las plazas de Rosario, Coronda y Santa Fe, el 25 de marzo de 1815, cuando se logró la liberación de la intervención porteña, dando lugar a la posibilidad, con el apoyo imprescindible de las fuerzas artiguistas, de que el pueblo santafesino se gobierne por sí mismo con plena libertad y autonomía, dando lugar a la elección de sus genuinos representantes, resultando electo como primer gobernador Francisco Antonio Candioti, el príncipe de los gauchos. Uno de sus primeros actos de gobierno fue la elaboración de las instrucciones para el diputado por Santa Fe, Pascual Diez de Andino, que participaría del Congreso de los Pueblos Libres en Concepción del Uruguay, y fueron publicadas el 14 de junio de 1815.Éstas Instrucciones contenían latente los principios de creación de la Provincia de Santa Fe como jurisdicción territorial con plena autonomía de la que había sido su capital intervencionista, como parte de un nuevo sistema confederal, como fiel expresión de la libertad de los pueblos, que debían gobernarse por sí, divididos en provincias, entre las cuales debía ser una la de Santa Fe. Concomitantemente se propugnaba la necesidad de buscar un centro en el que remitidas todas las partes del cuerpo político, se forme un todo sobre el que pueda influir directamente esa cabeza de autoridad, que se forje con toda la eficacia, sin que por ello los pueblos unidos pierdan las mínimas prerrogativas de sus derechos. También se afirmaba que una vez reconocida y garantizada la soberanía del Pueblo de Santa Fe, por parte de la máxima autoridad electa como Director Supremo del conjunto de las provincias, se establecería la porción de autoridad que éste pueblo soberano quiera, pueda y le convenga ceder y desprenderse de ella, depositándola en manos del Director, para que con arreglo de los límites previstos por las partes comprometidas, pueda disponer de ella en búsqueda del bien general.

 

Lautaro Bruera