Crónica de la toma universitaria


FACULTAD TOMADA reza el cartel en la fachada de Humanidades y Artes, fue colgado ayer. Un poco más a la derecha, restos del cartel original todavía se ven en el piso, probablemente arrancado por algún transeúnte indignado.

Hoy se cumplen 7 días de toma, pero para nosotrxs la semana había empezado mucho antes. El miércoles 29, estudiantes y trabajadorxs convergimos en una gran marcha en defensa de la educación pública, copando las calles con un mismo mensaje: solamente en unidad se puede combatir al ajuste.

Ese día fuimos más de 40.000. Al día siguiente, fuimos más de 350.000 lxs que repetimos la consigna en Capital Federal. La respuesta del gobierno no tardó en llegar: 24 horas después canceló la mesa de negociación salarial docente, y 48 horas después eliminó 9 ministerios.

En este contexto, el lunes 3 de septiembre lxs estudiantes tomamos 9 facultades de la ciudad de Rosario.

Humanidades y Artes, el otrora convento del microcentro, se convirtió en nuestro punto de encuentro y permanencia durante toda la semana.

Como parte de la juventud militante universitaria, (aquella que nació en un contexto de crisis y hoy le toca transitar la educación pública en circunstancias igualmente complejas) me toca reflexionar sobre este hecho tan curioso como es una toma.

¿Qué significa que lxs estudiantes decidamos ocupar nuestro espacio de formación? ¿Cómo entendemos unirnos para visibilizar nuestra problemática de una forma tan atípica en estos tiempos de desorganización política?

Con estos interrogantes comenzamos la vigilia del lunes.

Una comida y pocas horas de sueño después, la facultad permaneció con guardia mínima mientras nos movilizamos hasta el Cordón Industrial de San Lorenzo, acompañando el reclamo de los trabajadores despedidos de Fray Luis Beltrán

Durante esta semana, la facu se convirtió en un espacio de reflexión: los tiempos entre asambleas y movilizaciones nos sirvieron para pensar esta lucha: un edificio tomado en defensa de la educación pública, un paro masivo de trabajadores, o el reclamo por el asesinato de Ismael Ramírez no son hechos aislados. Ante la injusticia, la crisis y el ajuste, cuando la desorganización y el aislamiento se convierten en herramientas del sistema para desestabilizar la lucha, nos unimos para hacerle frente en conjunto.

La toma en Humanidades sigue, la defensa de nuestros derechos sigue, sabiendo que contamos con las mejores herramientas a nuestro alcance: la empatía y la organización.

La lucha continúa.