Paro 25 S

Cerrar comercios pequeños y grandes, bares y restaurants, impedir la salida de bondis, taxis, subtes y trenes, obturar el ingreso a grandes fábricas y pequeñas de todo tipo, detener instituciones de enseñanza de todos los niveles, cerrar accesos estratégicos, levantar peajes, cortar rutas e impedir circulación de camiones, colectivos, y particulares, articular con establecimientos públicos -ministerios, secretarías, dispensarios-, no abastecer cajeros automáticos, supermercados, shoppings, ni, por supuesto, estaciones de combustible es, por si fuera necesario aclararlo, dificilísimo.
Porque es una verdadera demostración de fuerza. Pero no solo eso. Es la capacidad de mostrar que una imaginación de detención literal de lo que un país hace todo los días para comer, para vivir, para dignificar la comunidad, es posible. Eso, el paso de una imaginación que se concreta, que puede decirle basta a eso enorme -hoy sincronizado con un gobierno- que vive de todos y ni siquiera deja ‘llegar a fin de mes’. Esa capacidad de hacer evidente una fuerza es una forma sutil de la magia. Singular magia de pociones sindicales de antaño y otras nuevas para dar músculo a lo que puede detener el mundo en un contexto de expolio de los de abajo por los de arriba.
Las ciudades desoladas hoy son magia de organización, mucho más potente que el marketing que se acaba.