Gobierno de ocupación


¿Cabe alguna duda de que nos encontramos sumidos en una administración colonial? A estas alturas y a la vista del patético espectáculo que nos representó ver a Dujovne con Lagarde en una conferencia de prensa conjunta, a nadie, ni al más ingenuo le cabe duda de que estamos frente a un gobierno de colonial. Yo diría un gobierno de ocupación. En una guerra cuando una nación es vencida, se implanta un gobierno de ocupación. Cuando Macri nos dice, hace unas semanas que se reforzara la atención en comedores, no puede más que remitirse a una zona devastada, una zona de guerra.  No voy a seguir en lo que todos conocemos, padecemos y maldecimos todo el tiempo. La situación es preocupante, la Argentina se lanza de cabeza (los delegados del gobierno de ocupación nos lanzaron, mejor dicho) a una terrible crisis económica, aventuro a suponer que, en la medida de lo humanamente previsible, podemos esperar la peor de la historia moderna. No es exagerar esperar una situación dramática.

Como les decía no quiero seguir haciendo hincapié en lo obvio, sino lo justo y necesario como para que tomemos dimensión del problema al que tendremos que hacer frente. Ahora bien, a mi como a millones de argentinos nos interesa construir. La Argentina, el pueblo argentino tiene una formidable dignidad. No en vano la obstinación por destruirnos.  Hemos sido un grano molesto para el poder imperial que miro como su factoría a Latinoamérica desde siempre. Juan Manuel de Rosas y sus cadenas al frente de un heroico pueblo, los juicios a las juntas militares por sus propios compatriotas y civiles, la reestructuración de deuda más grande conocida encarada por el gran Néstor Kirchner, y como omitirlo, Juan Domingo Perón y el movimiento más vigoroso de toda Latinoamérica.

Recordar esto, párrafo seguido a describir el caos hacia el que nos avecinamos puede tener dos efectos. El primero y el menos deseable sería sentir nostalgia por lo fuimos capaces y contraponerlo al presente como quien mira una foto amarillenta y llora por lo perdido. El segundo será el de saber que pese a lo oscuro del presente, si fuimos capaces, nada obsta a que seremos capaces nuevamente. Después de 12 años de kirchnerismo recuperamos el concepto de política como herramienta dinamizadora y de transformación de la realidad. Lo que no podemos explicarnos es como no llegamos a tantos compañeros. Como muchísimos compañeros eligieron al gobierno de ocupación que les mintió y como pese a sentir ya el empobrecimiento, prefiere descreer de la política, antes que escuchar nuestros argumentos y sumarse a la construcción colectiva. Nos genera bronca, impotencia y hasta sentimientos fatalistas. Y aquí entramos en uno de los terrenos incómodos, sabemos que se viene el desastre por un lado y por otro en nuestro fuero más íntimo sentimos que hay una importante cantidad de compañeros a los que nunca vamos a llegar.

Esto abre un debate siempre vigente, una falsa dicotomía diría yo, reduccionista pero válida para orientar.

Que aspiramos a ser ¿una vanguardia iluminada que siente que la gente está equivocada porque esta confundida y no puede acceder a la verdad a la que nosotros sí o un movimiento/partido/herramienta electoral de masas, casi un garante del Status Quo, con algunas concesiones para las mayorías? Dejaba en claro desde la propia formulación de la pregunta que para mí era una falsa dicotomía. Creo que debemos aspirar a tener posiciones vanguardistas, de avanzada en la defensa de los derechos de la sociedad, buscar una sociedad inclusiva, una patria grande desarrollada y soberana, pero sin representando mayorías. Diciéndolo de manera más clara, tenemos que seducir al “cabeza de globo”, es parte de la Argentina, tenemos que aceptar que esta acá y es nuestro vecino, nuestro compañero de trabajo, el quiosquero y el tachero, ver que se puede sacar de sabiduría popular de su discurso (si compañeros entre tanta podredumbre que emana de su discurso algo de sabiduría popular puede haber, algo algún eco al que nosotros en su lenguaje le podamos dar respuesta) hablarle en su idioma y traerlo para nuestro lado.  Nosotros queremos ganar por las urnas, siempre lo hicimos así, tenemos que empezar a pensar que tendremos que representar a ellos también. No les hablemos como dándoles lecciones, no les gusta. No les hablemos tirándoles el rosario que ya están preparados a escuchar y chipeados para negar.  En fin, que no venga un cipayo entregador a representarlos, representémoslos nosotros compañeros.

Por ultimo exijamos a los compañeros que tienen la responsabilidad de dirigirnos en estos momentos, que tengan en cuenta la gravedad del enemigo, que tengan actos de grandeza si la situación lo amerita, que no se cierren en mezquindades, que nosotros estaremos apoyándolos.

Si logramos ser representativos y unir mayorías en contra del invasor extranjero, la Argentina, nosotros el pueblo argentino, le diremos una vez más al mundo que, más allá de todos sus intentos, tenemos una historia de dignidad formidable, que no vamos a entregar nunca.