Por Jerónimo Fleitas

Precarización Ya!


Con el arribo del año 2018, se comenzaron a ver jóvenes con sus bicicletas o motocicletas cargando cajas gigantes de reparto en sus espaldas. Con el correr de los meses esta escena se fue multiplicando, y en un abrir y cerrar de ojos, ya forman parte del paisaje de las grandes urbes.

Con el aplauso del gobierno Nacional que desde principios de su gestión fomento el emprendedurismo y el trabajo colaborativo como pantalla que tape la precarización, fue creciendo rápidamente el nuevo modelo, del ya viejo y conocido servicio de Delivery.

Trasladando mercancías de cualquier naturaleza, haciendo de nexo entre una red de consumidores y una red de ofertantes de servicios y productos, ahí van los ahora, Rider, en castellano, Jinetes.

Pedido Ya y Glovo son las dos principales empresas que se disputan el mercado de envíos. La primera nació en Uruguay, en el 2008, y luego de ser apoyados por el gobierno de ese país, recibieron financiamiento de las corporaciones que administran Skype y Mercado Libre. En el 2011 fue adquirida por Hero, la plataforma alemana líder a nivel mundial en pedidos online. Al día de hoy opera en 400 ciudades de América Latina.

Glovo, es de origen catalán, el año pasado facturó 17 millones de euros y estima facturar 100, en el 2018.

En la jerga de los negocios a esta actividad donde la aplicación digita los ritmos y las relaciones de trabajo, se la conoce como economía de plataforma. Empezó a expandirse junto a internet, a partir del año 2000; por eso algunos teóricos la denominan economía de conexión.

El confederal conversó con jóvenes que se juntan en una de las tantas plazas a la espera de un envío y en las respuestas que recibimos se pueden encontrar algunas de las características de esta introducción tecnológica en la distribución del comercio.

Rodrigo tiene 24 años y hace 4 meses que trabaja de Rider; “cuando ingresas a trabajar la bicicleta la tiene que poner uno, el casco y el celular también. Luego te bajas la aplicación y de ahí en adelante la relación es virtual. (…) Elegís una franja horaria y después tenés que estar a disposición full-time, cuanto más respondes más te sube el puntaje”.

El puntaje es la vara por la cual se distribuyen los pedidos con distintos grados de dificultad. “Una vez llegue a pedalear hasta 10 kilómetros”, sentencia Rodrigo. “Si no estás disponible en tu franja te bajan el puntaje o te castiga el moderador fantasma con viajes complicados”.

Evelyn de 21 años nos contó que; “en la mayoría de los casos el seguro médico, lo tiene que pagar la trabajadora”. (…) “Y encima en empresas como Glovo, por ejemplo, reciben una comisión por cada empleado que asocian a la pre paga”.

A pesar de estas condiciones, la falta de trabajo hace que muchos jóvenes se ven atraídos por la apariencia FreeLancer de este tipo de empleos, que aparentan dar cierta Independencia y disponibilidad horaria, pero la realidad es que el empleado está sujeto, como en cualquier trabajo tradicional y no hay ninguna autonomía.

La plataforma digital vincula a las trabajadoras con la demanda. El Rider recibe el pedido en la aplicación, compra la pizza, por ejemplo, la lleva al consumidor y recupera el valor del producto, más la propina, en el caso que exista. Algunas empresas pagan un sueldo fijo y otras a través de monotributo.

En el informe de la comisión mundial sobre el futuro de trabajo, de febrero 2018, realizado por la Organización Internacional del trabajo (OIT),  se especifica claramente la diferencia entre una plataforma que se usa como un vector para el desarrollo y el funcionamiento en una institución libre, y una plataforma que conforme un canal para la explotación de las trabajadoras.

En Estados Unidos, que es el país en el mundo con más trabajadoras en economía colaborativa, el 75% de ellas, ganan menos que el salario mínimo Federal por hora.

En un blog con temáticas relacionadas a condiciones de trabajo, Camila de 27 años,  estudiante de relaciones internacionales, expone fragmentos de una monografía donde analiza la inducción y la estimulación del deseo de las personas, especialmente jóvenes, que por su estilo de vida, no quieren tener ataduras o condicionamientos y ven con buenos ojos la flexibilidad para realizar tareas desde cualquier ubicación y cuando lo desean. Esto provoca una sensación de que uno no tiene un jefe que lo supervise, pero luego de pasar por esta experiencia descubren que detrás de la apariencia de una relación libre, se esconden los mismos métodos de sumisión y control que no cambian su naturaleza, por más que vengan de un algoritmo.

En el informe de la OIT, la comisión se pregunta si el trabajo colaborativo seguirá siendo sólo un nicho de empleo especifico o se encamina a ser una tendencia más amplia, que puede llegar a servir para contratar docentes por hora a través de una app, como ya sucede en la provincia de Buenos Aires.

En definitiva, no deja de ser el viejo/nuevo mundo del empleo precario, donde hay precios, jornadas, ejecución de trabajo, relación de dependencia, extracción de plusvalía, que incorpora una novedad tecnológica con la que intenta escapar a los mecanismos de control del trabajo asalariado y la legislación laboral.

El progreso, o la tecnología en sí misma, no es la que precariza, se puede utilizar para mejorar los procesos y la calidad de vida de las personas trabajadoras, reducir jornadas, pero el problema surge cuando las plataformas digitales monopolizan y se erigen como garantes de la demanda y se utilizan para la intensificación del trabajo y maximizar los márgenes de ganancia. Ahí es cuando los trabajadores sufren poca claridad en la situación del empleo, trato injusto, bajos ingresos, la falta de protección social y representación gremial.

En agosto del 2017 se registró el primer paro de trabajadoras de plataformas, fue en la empresa Rappi, en Villa Crespo. Ante los permanentes cambios en las condiciones de trabajo los manifestantes reclamaron por la dependencia y la estabilidad.

La república Argentina tiene una legislación laboral modelo en el mundo y en su universo de leyes, convenios y estatutos contempla de sobra a este “nuevo mundo del trabajo” que intenta disfrazar la explotación. Capítulo aparte comprendería las cuestiones de seguridad e higiene, como por ejemplo, cuanto puede pedalear una persona por día, o el peso que puede soportar sobre su espalda. Seguramente, muy a pesar de los que reclaman flexibilidad para ganar competitividad con el “mundo”, pronto estarán registrados y tendrán una obra social y representantes sindicales con cobertura.

 

FUENTES:
http://www.ilo.org/global/topics/future-of-work/lang–es/index.htm
https://www.pagina12.com.ar/140977-la-economia-de-la-app-es-macrismo-puro
https://www.eldiario.es/catalunya/politica/repartidores-Glovo-Deliveroo-donaciones-suficientes_0_803169806.html
https://www.lanacion.com.ar/2105831-asi-es-glovo-la-aplicacion-para-hacer-pedidos-on-line-de-cualquier-producto-o-servicio
https://www.infotechnology.com/entreprenerds/La-historia-detras-de-PedidosYa-una-de-las-principales-apps-de-delivery-de-comida-20151118-0001.html
https://www.lanacion.com.ar/2154219-primer-conflicto-de-trabajadores-de-una-app-mensajeros-reclaman-cambios-en-las-condiciones-laborales