Por Dante Robba

Gobierno parasitario: ¿Versión posmoderna o retroceso a la modernidad


El “retroceso” del título no intenta referirse a una cuestión involutiva del desarrollo de las artes, las ciencias o la sociedad. Lo moderno, a lo largo de la historia (todas las épocas, aunque sin tal auto denominación de “modernidad”, han sido modernas con respecto a tiempos anteriores), fue entendido y explicado, algunas veces en sentido positivo y de progreso y evolución, y otras en sentido negativo de decadencia. Sócrates, quizás el más grande pensador, exaltaba ya de manera constante en sus elocuciones las virtudes y la sabiduría de los antiguos. La frase “todo tiempo pasado fue mejor” es más vieja, por tanto, que la antigüedad clásica. Literalmente. Así que el sentido positivo o negativo de la modernidad quedará supeditado al criterio del lector o la lectora. Alude el título entonces, como decía, a una referencia meramente temporal, a un retorno, en tiempos posmodernos, al período si denominado como “modernidad”.  Período al que algunos ubican su origen en el advenimiento de la revolución industrial y la implantación del sistema capitalista, y otros lo remontan un poco más allá, al siglo XV donde sucesos de gran envergadura como el descubrimiento de América, la reforma protestante y el Renacimiento fundamentalmente en el campo de las artes provocan profundos cambios sociales. Pero no es su origen el que me interesa tratar en este escrito sino su fin.

Hay un libro de Nicolás Casullo titulado “El debate modernidad-posmodernidad” en el cuál el autor, además de realizar un extenso prólogo esgrimiendo su postura, recopila el posicionamiento de varios de los “pensadores” –  término por demás de presuntuoso y grandilocuente – más reconocidos del siglo XX. En dicho libro hay una explicación de Perry Anderson del momento de ruptura que posibilita el paso de la modernidad a la posmodernidad, que es una de las que a mí, particularmente, más me ha convencido. Por su originalidad y certeza, entre tantas divagaciones abstractas. Dicha explicación me hizo pensar en la situación actual de nuestro país, en el partido gobernante y más precisamente centrarme  en la figura de un individuo en particular, cuyas características, por carácter transitivo, bien pueden extrapolarse al resto.  Pero primero veamos cual es esa explicación:

“Desde un punto de vista social, hasta el fin de los años 30 persistió un modo de vida típico de la clase alta, cuyo sello distintivo – que lo diferencia por completo de la existencia de los ricos tras la segunda guerra mundial – era el normal empleo de sirvientes”. “Fue la última clase  verdaderamente ociosa de la historia metropolitana”.

“Desde el punto de vista económico, las industrias de producción en serie basada en los nuevos inventos tecnológicos de comienzos del siglo XX sólo consiguieron un cierto arraigo en dos países: Alemania en el período de Weimar e Inglaterra a finales de la década de 1930. Pero en ningún caso hubo una implantación general o muy amplia de lo que Gramsci llamaría el “fordismo”, a ejemplo de lo que por aquel entonces hacía dos décadas que existía en Estados Unidos. Europa estaba todavía una generación por detrás de Norteamérica en la estructura de su industria civil y de su modelo de consumo en vísperas de la segunda guerra mundial”

Y para cerrar su tesis, prosigue: “Fue la segunda guerra mundial – y no la primera – la que concluyó con la vitalidad del modernismo. A partir de 1945 el antiguo orden semiaristocrático o agrario, con todo lo que le rodeaba, llegó a su término en todos los países. Al fin se universalizó la democracia burguesa. Con ella se rompieron ciertos lazos críticos con un pasado precapitalista. Al mismo tiempo el fordismo hizo su irrupción. La producción y el consumo de masas transformaron las economías de Europa occidental a semejanza de la americana”.

Es decir, previo a la segunda guerra mundial persistía aún en Europa una economía semi industrializada, con una preponderancia  del sector primario agrario y una clase social aristocrática o semiaristocrática, que seguía conservando privilegios por herencia de sangre; una clase parasitaria que, como dice el pensador, se caracterizaba por el usual empleo de sirvientes.

RESURGIMIENTO O MUTACION: ¿DESAPARECIERON REALMENTE LAS CLASES OCIOSAS?

Cuando asumió en su cargo fue presentado como un experto  de las finanzas y un “hombre del mercado” que venía a generar confianza en los inversores. Ahora bien, desglosemos esos atributos. ¿Qué es ser un experto en las finanzas? Sin ánimo de generar el ataque de una jauría de economistas liberales que quieran saltarme a la yugular con tecnicismos complejos, es la capacidad para hacer dinero a partir del dinero, es decir, ganar plata con el mínimo esfuerzo, sin producir nada material, sin generar un solo empleo. Por eso mismo el tipo de inversor en el que generó confianza no fue el productivo sino el especulativo. Guita fácil, básicamente. ¿Qué es un “hombre del mercado”? Un habitué de los bares de calle Florida, un asiduo transeúnte de las veredas  atiborradas de maletines de la “city porteña”, allí donde generalmente se definen los destinos del país, allí donde verdaderamente si tirás una pala no queda nadie. Un “garca” diría masticando un escarbadientes ya machucado, el bufetero de un club de Boedo al ver su nombramiento en el noticiero de Crónica mientras espera los números de la ex Nacional nocturna.

Desde enero de 2017 hasta junio de 2018 ocupó el cargo de Ministro de Finanzas y de junio a finales de septiembre el cargo de Presidente del BCRA. En total casi veinte meses como funcionario público con acceso a la más restringida información privilegiada que aprovechó, evidentemente, en beneficio propio. Su fortuna personal, en poco menos de dos años, se incrementó en 40 millones de pesos. Guita fácil. Garca total. Durante una de las más feroces corridas cambiarias, que devaluaba nuestra moneda a niveles nunca vistos, dificultando la vida de miles de argentinos, condenando a la miseria a muchos otros y sumergiendo en la indigencia al resto, el lente siempre atento de un paparazzi al acecho le daba captura en momentos en que, de manera despreocupada e indiferente – típica de vieja aristocracia autista – sometía su cutis facial al efecto dorador del apacible sol de las playas de Ipanema.

Su nombre es Luis, su apellido Caputo. Toto para sus compañeritos de la señorial escuela inglesa Cardenal Newman. Un posmoderno con viejos vicios de modernidad. Representante de una nueva clase parasitaria semejante a la que existió en la preguerra, miembro de una estirpe condenada -bendecida – a cien años de ociosidad. Sólo nos resta esperar (y rezar los mas creyentes) que no tengan jamás una segunda oportunidad sobre la tierra.